domingo, 20 de abril de 2008

Grito de Guerra:

"...Y se tomaron una vaina que los dejó idiotas"

martes, 1 de abril de 2008

Yo también lo vi.

Entre largos tablones de consideración, yo, también vi el futuro. Lo vi verde, azul y morado. De hecho lo vi desnudo. No tenía ni medias.

Será parte de la reconquista, entonces. Formará parte del proceso, o representará, en todo caso, a la humanidad entera. No quisiera contarles con lujos de detalles, pero sí voy a pedir, asegurándome así un poco de fidelidad, que crean, hermanos, que yo también vi el futuro.



Recuerdo muchos paraguas, árboles y amigos que escribían poemas para sus amigas. Recuerdo como yo también canté, junto a los que nunca cantaron antes. Eso supondrá ahí, en el futuro, un único himno.

Recuerdo al Enemigo, al conejo y la jirafa. Recuerdo en limpio las campañas de personas que se descubrieron y gritaron que habían cambiado, y que ahora, con todo el orgullo que eso amerita, compondrían canciones en las que todos pudieran cantar. Para eso se mudaron al norte, porque el frío hace menos ruido que el calor.

Recuerdo azul, sal y pocos aviones.




Recuerdo verde, Moscú y Praga, el vino como dieta y la gran enciclopedia del mundo. Recuerdo paz, asegurándome con esto la incredulidad, y recuerdo a un señor que dejaba notas de amor compulsivamente.

Lo vi desnudo, porque se acabaron los zapatos.



Vi chocolate, señores, lo juro. Vi reinas dibujadas en las paredes y un nivel mayor de adictos a los juegos del azar.

Algunos también lo vieron, otros tanto que no regresaron.

Y aunque recuerdo muy pocas cosas, sé que habían elefantes, cactus, playa y mucha hambre. Yo, también, vi el futuro.

martes, 18 de marzo de 2008

Trampas, triunfos y trompetas.


Tenor, trombón y trompeta, todo esto tras el telón. Trajes, trucos y tambores.
Trampa y tenue trillado final. Triunfo tonto y sin sentido. Traga el tinte envenenado, triste trapo entrelazado. Entretenimiento y trenzas, terror injustificado. Tres tristes tigres ya no comen en el trigal.

Telar sin secreto ni tumbas. Tango a trescientos años luz. Cuida tanto a la tortuga como un día hiciste tú.

Trueno, tormenta y calor, van cantando variedades, entre troncos tornasoles, tarde y el trapo marrón.

Trampa y triunfo trepidantes, tanto como todos yo. Tendrás tarea pendiente en el teatro sin sol.

Se terminó la tortilla. El trato se fue a nadar. Triste domingo tarareado sin trastes ni capitán.

Todo se torna tranquilo. Se tumba sin avisar. Trono sin mar y sin reina. Termina sin terminar.

jueves, 13 de marzo de 2008

jueves, 21 de febrero de 2008

Acordeónico.

Se parece mucho a cuando no había nada que decir. Se entrepone con vanalidades, con comentarios totalmente, según ella, fuera de lugar.

Es estar sin escudo en una guerra, es plantarse cara con algo que no puedes confrontar. Es más sincero retirarse y admitir cualquier tipo de debilidad, y es cierto, no hay nada que de más miedo que las cosas invensibles. El vértigo, por ejemplo, es algo insuperable, ni la terapia de la tercera revelación te muestran salida alguna para un mal tan gigante. Yo sufro de mal de alturas.

Me sobrepasa la angustia. Hablar en esos momentos es repensado mil y una vez. Se me complica lo simple, como dicen los ateos, se me endurece la lengua. Las alturas van más allá de los metros verticales. Hay cosas con las que no se puede combatir, y es ahí, y justo ahí, joder, cuando más se justifica el miedo.

Hace rato que no se abre este libro. Hace rato que no se muestra el dibujo.

La punta del iceberg, entonces, es inútil, es una pantomima nacional e internacional. Se compara con cualquier demagogia vil, vulgar y silvestre, ¿no hay otra manera de confrontar la altura?

Me batuqueó la curva, no hay mucho más que decir en contra de la historia que, en este juego de voluntades, es el peor de los enemigos.

Salud.

miércoles, 20 de febrero de 2008

Grito de Guerra:

"..Y ahaí fue cuando llegó la ambulancia"

La Radiola.


...Y perdí el ritmo.

"El ritmo de un pelotón lo marca el último, no el primero"

En la cultura popular se han escuchado, según fuentes confiables, apróximadamente 680.000.000.000 de maneras de pasar a la historia. Se ha ido demostrando poco a poco que la gente no pasa a la historia no porque no tengan la manera, sino porque no quieren y punto. Podría ser cuestión de flojera, apatía, ladilla, etc... Pero no, es que no quieren y punto.

Cada quien justifica la flacura a su manera.

No se ha registrado nunca en la historia una naufragio voluntario, inclusive no se ha oido hablar de voluntad al momento de relacionarlo con los accidentes, pero se han escuchado, en la cultura popular, apróximadamente 200.000.000 de formas factibles para hacer que un barco se hunda. La gente no se muere porque no quiere y punto.

La culpa es tan de cada quien como la caligrafía.

Era obvio que no había que hacer más. Hasta aquí llegaba la cadena. No se empuja sin saber qué hay detrás. Se procura, entonces, mantener la calma, así la implosión no hace tanto ruido.

... Y La Radiola siguió sonando.